La lucha contra el cáncer tiene que ser una prioridad del desarrollo, advierten desde la OMS

28-VIII-08. El cáncer causa cada año 7,9 millones de muertes en todo el mundo. Más del 72% de esas muertes se registran en los países de ingresos bajos y medianos

La complejidad de la lucha que libra la salud pública contra el cáncer ha aumentado enormemente a raíz del desplazamiento de la carga de morbilidad desde los países ricos hacia los menos prósperos. A escala mundial, el cáncer causa cada año 7,9 millones de muertes, y de esas defunciones, más del 72% se registran ahora en los países de ingresos bajos y medianos. Esas cifras son alarmantes, y tienen enormes repercusiones en el sufrimiento humano, los sistemas de salud, los presupuestos sanitarios y los esfuerzos por disminuir la pobreza, según informa la Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la doctora Margaret Chan, en la inauguración del Congreso Mundial sobre el Cáncer de la UICC.

Hoy, el cáncer afecta a todos los países del mundo, a veces de forma profundamente perturbadora. Ha llegado el momento de que la lucha contra el cáncer sea considerada una prioridad del desarrollo. Las enfermedades del tipo del cáncer son unas de las principales causas de lo que se ha dado en llamar gastos sanitarios catastróficos. Ello es especialmente cierto en los países de ingresos bajos y medianos, donde la mayoría de la gente tiene que pagar directamente la atención de salud que recibe.

La OMS estima que los pagos catastróficos para sufragar la atención de salud hunden cada año a unos 100 millones de personas por debajo del umbral de pobreza. En el caso del cáncer, el pago directo es una espada doblemente mortífera, pues desalienta el recurso al tratamiento temprano, cuando las probabilidades de la curación son mayores, y con ello agudiza la pobreza de las familias y de la comunidad.

Los sistemas de salud de los países en desarrollo suelen afrontar con éxito las emergencias intermitentes causadas por las enfermedades infecciosas. Los pacientes sobreviven, o mueren. Por el contrario, las exigencias de la atención crónica pueden forzar los sistemas de salud frágiles hasta el punto de provocar su ruptura. Las intervenciones de primera calidad (y el dinero para adquirirlas) de poco servirán si se carece de sistemas que las lleven a cabo.

En la lucha contra el cáncer en los países de ingresos bajos y medianos, los grandes adelantos no son fruto del descubrimiento espectacular de nuevos medicamentos, sino el resultado de las investigaciones para adaptar instrumentos que ya existen para que funcionen también en los entornos de escasos recursos. Por desgracia, no hay prácticamente un solo país que haga lo suficiente para prevenir el cáncer. El control del tabaco es la mejor oportunidad para prevenir el cáncer a gran escala.


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Atención. Los países en desarrollo afrontan ahora problemas que se les plantearon a los países ricos hace decenios, advierten la Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la doctora Margaret Chan. Se elaboraron políticas; se extrajeron enseñanzas; los adelantos clínicos se aceleraron; disminuyó la incidencia de algunos cánceres, y mejoraron espectacularmente las tasas de supervivencia. Urge difundir lo antes posible esas experiencias. No partimos de cero. Los programas de detección, las pruebas de diagnóstico y los tratamientos son caros, pero con el desplazamiento de la carga del cáncer, el nivel de recursos de un país ya no puede considerarse un obstáculo para su control. Es demasiado lo que está en juego, para la salud y el desarrollo económico, para la equidad y la justicia social, para el sufrimiento humano, y para la dignidad de la vida humana.