El niño con una cardiopatía congénita puede hacer deporte

01-VII-08. El ejercicio físico no sólo no es dañino sino que en muchos casos es recomendable para mejorar su estado físico y le ayuda a la integración

Los niños que sufren o que han sido intervenidos a causa de una cardiopatía congénita pueden realizar actividad física siempre que sea adaptada a sus características y con una adecuada supervisión médica. Las únicas limitaciones son la competición y el sobreesfuerzo.

El miedo a que sufran un evento cardiaco ha llevado a muchos padres de niños con cardiopatías congénitas a restringir su actividad física. Sin embargo, el deporte no sólo no es dañino sino que en muchos casos es recomendable para mejorar su estado físico y le ayuda a la integración en su grupo de iguales. “No hace tanto, el médico recomendaba reposo absoluto y prolongado a los niños con cardiopatías congénitas. Sin embargo, se ha visto que el beneficio del ejercicio es mucho mayor que el del reposo”, explica Fernando Villagrá, jefe de servicio de Cirugía Cardiovascular Infantil del Hospital Universitario de La Paz.

Dependiendo de la patología y del estado del pequeño se le recomendará una práctica u otra: “Existen patologías benignas, como la comunicación interauricular con presión pulmonar normal en la que el niño puede hacer cualquier práctica sin restricción”. No pasa lo mismo si la comunicación interauricular va acompañada de presión pulmonar elevada (aunque inferior al 50 por ciento). En estos casos al niño hay que recomendarle que no haga deporte intenso.

“Si se quiere personalizar el consejo, es muy recomendable realizar un test de esfuerzo, que consiste en una carrera en cinta mientras se controla la frecuencia cardiaca y la presión arterial. El médico controla la respuesta orgánica y calcula el consumo de oxígeno. Esta prueba permite personalizar más las recomendaciones, aunque sólo se puede hacer a niños mayores de siete años”.

Hay cardiopatías de gravedad moderada, como la coartación de aorta, en las que está prohibido el deporte intenso, aunque no el ejercicio moderado. “En patologías severas, como el ventrículo único, estenosis aórticas con gradientes superiores al 40 miligramos de mercurio o una hipertensión pulmonar de más del 50 por ciento de la presión sistémica, está prohibido el ejercicio intenso y para realizar alguna práctica deportiva se ha de realizar antes un test de esfuerzo”.

En algunos casos, intervenir quirúrgicamente una cardiopatía cambia radicalmente la relación del niño con el ejercicio. “Un ejemplo es la comunicación interventricular con una hipertensión pulmonar por encina del 50 por ciento de la presión sistémica. Un niño con esta patología no puede hacer ejercicio; sin embargo, si tras la intervención la hipertensión baja a un nivel normal, podrá realizar cualquier actividad física”.

Miedo paterno

Una de las principales causas que hacen que los niños con cardiopatías congénitas que pueden hacer ejercicio no lo hagan no está en su corazón sino en el miedo y en la sobreprotección. “La sociedad cuida en exceso a los niños operados. La tendencia de los padres es evitar que hagan deporte y el profesor de gimnasia tiende a eximirles”, explica Villagrá. De la misma opinión es Amaya Sáez, directora de la Fundación Menudos Corazones: “El niño con cardiopatía congénita no sólo puede hacer ejercicio sino que debe practicarlo siempre siguiendo las pautas aconsejadas por su cardiólogo. Hay que sensibilizar a los padres, ya que la práctica deportiva es una de las principales herramientas de integración”.

Para incidir en este mensaje, Menudos Corazones, junto a la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid-Universidad Europea de Madrid ha organizado una jornada que pretende promover la actividad física. “Cuando excluimos del ejercicio a un niño con problemas de corazón tal vez no le protegemos, sino que le estamos diciendo que es débil y le presentamos a la sociedad como alguien diferente”.


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Dependiendo de la patología y del estado del pequeño se le recomendará una práctica u otra: “Existen patologías benignas, como la comunicación interauricular con presión pulmonar normal en la que el niño puede hacer cualquier práctica sin restricción”.