Casi la mitad de las mujeres con artritis reumatoide se ven obligadas a dejar de trabajar a causa de las secuelas de la enfermedad

12-III-09. Las barreras con las que se encuentra una persona con AR en su puesto de trabajo no son sólo físicas. Existen otras que vienen dadas por el desconocimiento de la enfermedad, tanto por el paciente como por la sociedad en general.

Un movimiento tan sencillo como hacer un click con el ratón del ordenador puede convertirse en una tarea difícil y dolorosa para las personas que sufren Artritis Reumatoide (AR), una enfermedad reumática crónica y degenerativa que afecta a 200.000 personas en nuestro país y en mayor medida a la población femenina. De hecho, por cada tres mujeres que sufren AR sólo es diagnosticado un hombre. Además, debido a que el sexo femenino tiene una esperanza de vida superior al masculino, se padece la enfermedad durante un mayor periodo de tiempo, a pesar de estas personas viven una media de 10 años menos a causa de la dolencia.

Debido a la discapacidad progresiva que provoca la AR, entre el 25 y el 50% de las mujeres que la padecen se ven obligadas a dejar sus puestos de trabajo a los 10 años desde el inicio de la enfermedad. Por otro lado, se piensa que la AR es la causa más frecuente de incapacidad potencial tratable en el mundo occidental. Según el doctor Manuel Romero Jurado, de la sección de Reumatología del Complejo Hospitalario de Jaén, “la pérdida de la capacidad laboral por las secuelas de la AR tiene gran trascendencia social y económica, ya que se trata de una dolencia que se presenta en plena edad productiva y que debido a la inflamación de las articulaciones y el dolor que provoca, hace que ciertas actividades no se puedan realizar con total normalidad”. Aunque no se conoce la causa exacta de esta enfermedad, el sexo femenino tiene una mayor predisposición a padecerla, por lo que existen varias teorías que indican que los factores hormonales influyen en su desarrollo.

Las articulaciones de las manos son las que se ven más afectadas y de forma más precoz por el desarrollo de la AR. Por este motivo, actividades de la vida cotidiana se ven limitadas de tal forma que subir una cremallera, o abrir un bote, actos que para una persona sana resultan sencillos y rápidos, pueden convertirse en una verdadera odisea para estos pacientes. En este sentido, las labores del hogar constituyen otro obstáculo importante en la vida cotidiana de las personas con AR y sobre todo para las amas de casa. “Pelar patatas, tender la ropa, coger peso y cuidar de los hijos se convierten en labores que ofrecen serias dificultades”, explica Laly Alcaide, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis).

Barreras físicas y psicológicas

Las barreras con las que se encuentra un paciente con AR no se limitan sólo a las tareas cotidianas que deben dejar de hacer y a su cambio de hábitos. “Existe una barrera psicológica muy grande que los propios enfermos nos creamos. Ante un primer trabajo, surgen dudas sobre si debemos decir u ocultar que padecemos esta dolencia. También tenemos la incertidumbre sobre si podremos llevar a cabo las tareas con normalidad o simplemente si seremos seleccionados sabiendo que en algún momento de nuestra vida tendremos alguna limitación”, explica Laly Alcaide.

Pero sin duda, la gran barrera con la que se encuentran las personas que padecen AR es el desconocimiento que la sociedad tiene sobre esta enfermedad. Este hecho, unido a que si el paciente no se encuentra en un estadio muy avanzado de la enfermedad, el deterioro físico no es evidente a simple vista, hace que exista una gran incomprensión hacia estas personas, sobre todo en el entorno laboral.



De interés

Acerca de la AR. La Artritis Reumatoide es una enfermedad autoinmune, crónica y degenerativa que se caracteriza por la inflamación de la membrana que rodea las articulaciones. Esta inflamación produce dolor, rigidez e hinchazón, lo que puede derivar en la destrucción irreversible de las articulaciones. Esta dolencia es altamente discapacitante y afecta a adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 35 y los 55 años.

En cifras. En nuestro país hay 200.000 personas que padecen esta enfermedad, y su incidencia es del 0,5%. El coste medio anual por paciente en España asciende a 15.000 euros. Si nos referimos a los países europeos de nuestro entorno, el número de casos asciende a los tres millones y su coste medio por cada uno de ellos a 17.000 euros.